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Chapter 40 - No vivimos juntos?

Ish – ¿no vivimos juntos? –Pregunta, extrañada por lo que ha dicho Sandro, sin comprender su punto; y parpadeando rápido, intentando captar y entender su pregunta. –

Sandro – dormimos juntos. Técnicamente yo vivo allá y tu aquí

Ish – mm –asimilando aun la pregunta intentando descifrar lo que él quiere. – creí que vivíamos juntos, pero… que es lo que tienes en mente –dice esta frase con mucho cuidado de elegir adecuadamente cada palabra, para no darle a entender algo mal; lo que menos quiere es alejarlo ni volver a pelear. –

Sandro – que nos vallamos a vivir juntos a una misma casa, un mismo techo, una misma recamara para ambos, una para para mis hijos, espacio para tus perros; sin inquilinos, sin correr de aquí a allá y viceversa por mis hijos; un espacio para ambos.

Ish que lo observa e intenta imaginarse la vida así y asimilar esa propuesta, esta perpleja; por una parte, quiere estar con Sandro y compartir todo el tiempo del mundo y la vida, y por otro está el despedirse de todo espacio único y personal de ella, solo para ella; sin privacidad, que actualmente no es que tenga mucha, pero su inseguridad y miedo a perder libertad; comienzan a gritarle y protestar y hacer mella en su interior. Su semblante comienza a palidecer y sus ojos a dilatarse.

Sandro la sostiene más fuerte, comienza a entender el peso de sus palabras a medida de que el gesto y semblante de ella va distorsionándose; en su mente tenia completamente otra idea de su reacción. Tal vez una fuerte discusión o una efusiva alegría; pero no ese gesto de miedo y terror que comienza a aparecer. La abraza y acaricia sus brazos y espalda, intentando relajar los gestos y músculos de Ish

Sandro – Ish, ¡hey! –Llamando su atención hacia él, ya que había perdido su mirada en el vacío. – no es una propuesta para ya. Es algo que a mí me gustaría que pasara y espero que tú lo pienses y asimiles. Quiero comprar una casa, pero me gustaría que me ayudaras a elegirla, luego ver las posibilidades para mudarnos, decorar todo, juntos, con los gustos de ambos. ¿No te gustaría? –Ella lo mira aun perpleja, pero asienta con la cabeza. –

Ish, que tiene la boca seca, por fin logra reaccionar para decir. – en un tiempo, si, podemos, necesito por ahora asimilar lo que ello representa.

Sandro –no hay mucha diferencia, solo que será un espacio a gusto de ambos. Y esto también lo puedes rentar. –Tomando su cara entre sus manos, para luego plantarle un cálido y suave beso. –

Ish – necesito respirar un poco –levantándose de las piernas de él. –

Sandro – necesitas descansar. –Deteniéndola de la mano. –

Ish – lo sé, no tardo

Regresa para besarlo; sale de la habitación, hacia el jardín con un cigarro en la mano temblorosa. Duque y Conde van a hacerle compañía, uno persiguiendo el humo para atraparlo y comerlo; mientras el otro se echa a su lado estornudando por el mismo.

Ella respira, piensa y duda; trata de cambiar y controlar todas esas dudas y miedos; no porque dude de Sandro o su amor; porque duda de ella. Pasa un rato absorta en sus pensamientos e ideas; Sandro la observa por la ventana, preocupado por Ishtar y su reacción; ella no dijo que no, solo que necesitaba tiempo para asimilar la situación; sin comprender mucho el porqué de sus miedos, acepta la respuesta y prefiere no presionarla.

Ya más calmada, regresa a la recamara, Sandro no está, ni en el baño; devastada por el torrente emocional que está viviendo; lo deja, se mete a la cama y se duerme.

Cuando amanece Sandro no está en la cama ni en el baño. Se arregla y baja, como es ya tarde no lo encuentra, se ha ido a dejar a los niños.

Decepcionada sale sin encontrar su auto; ahora recuerda que Sandro quedo en llevarla, pero él ya se ha ido y la maleta… no recuerda haberla visto; frustrada, molesta y estresada; abre su celular, no encuentra mensajes de Sandro, llama un taxi para irse directo a su oficina. Cuando está en eso, entra Sandro a la casa, termina cancelando el taxi. Con una mirada llena de mil emociones ve a Sandro, incapaz de articular palabra, ni de reclamo por no dormir con ella, ni por dejarla ahí, o por no enviarle algún mensaje, ni de nada; solo esta aun pasmada, contrariada.

Sandro –buenos días, no quise despertarte.

Ish –Buenos días –seria. –

Sandro – ¿nos vamos? –Ella asiente con la cabeza, caminando hacia él. – la maleta está en la cajuela.

Ish – ¿Dónde dormiste anoche?

Sandro frunce el ceño, valorando la pregunta de ella, responde con total naturalidad, pensando en todo lo que hizo –en tu cama. Fui a ver a Altaír que se despertó porque tenía una pesadilla, cuando volví estabas dormida y hace rato no quise despertarte. –Con tono dudoso e incrédulo le cuestiona– ¿Creíste que dormiría en otro lado?

Ish – creí que estabas molesto

Sandro – ¿Por qué?

Ish, se encoje de hombros– no sé, por no reaccionar como tu querías

Sandro – la verdad no me esperaba tu reacción, no así; pensé en la posibilidad de que saltarás de alegría o que discutiéramos, pero no ese gesto de terror –dice esto con un gesto, que descompone su hermoso rostro–

Ish, apenada– no me esperaba eso. Creí que estábamos bien así

Sandro – como te dije no tiene por qué ser ahora, tenemos tiempo, podemos hacerlo con calma. Me he dado cuenta que tal vez fue muy precipitado

Ish – Quiero dejar en claro que me gusta estar contigo, me gusta vivir contigo

Sandro, estacionándose– prometimos que hablaríamos más sobre nuestros sentimientos

Ish –ansiedad, pánico, terror; a la imposibilidad de compartir, la perdida de libertad, de espacio personal, de privacidad; esos son mis sentimientos

Sandro, tomándola de la mano– Estamos juntos, tú lo dijiste ya vivimos juntos; solo es cambiar el lugar y forma

Ish – son solo los detalles, lo que debo procesar

Sandro – está bien

Ish – te amo –abre la puerta para bajar. –

Sandro – yo también, te amo –la regresa para besarla antes de dejarla ir. –