Que si no hubiera sido por sus cachorros Conde y Duque, que comenzaron a ladrar hubieran llegado más lejos. Se alejan violentamente para salir del lugar y presenciar una discusión entre inquilinos que altero a los perros y a los niños de Sandro los espanto. Rompiendo el momento entre Sandro e Ishtar.
Días después, Sandro busca a Ishtar para hablar de lo que ocurrió, ya que ella después de esa noche se alejó como si huyera de él o de una situación incómoda y comprometedora.
Sandro llama a Ishtar para saber dónde estaba o quedar en algún lugar. Fuera de casa, lejos de las oficinas. Pero ella no le respondió. Hasta rato después con un mensaje, diciéndole que estaba en una audiencia urgente.
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Ishtar tardo unos minutos en responder
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Sandro, no muy animado por la respuesta y frustrado; se contenta con ver vídeos en el internet.
Ya tarde, Ishtar llama a Sandro, pero el celular está apagado. Se resigna y llega a casa, sin ir a buscarlo de inmediato.
Cuando entra a la sala de estar, encuentra a Sandro dormido en el sofá, con el teléfono en mano, sin batería; la escena le emboba, lo observa un rato, antes de decidirse a despertarlo, no sin acariciar su cabello antes, ese sedoso delgado y lacio cabellera.
Ishtar – Sandro, ¡Sandro! –Lo mueve ligeramente– Sandro –se sienta a su lado; él se despereza y despierta perezosamente, asustado por el que hace ahí, la hora– despierta, te quedaste dormido en la sala. ¿Por qué no vas a dormir?
Sandro – la cena… –Tallándose la cara con ambas manos y los ojos, revisa su celular encontrándolo apagado. –
Ishtar – podemos ir mañana
Sandro – necesitamos hablar –dice serio, poniéndose de pie–
Ishtar, suspira, preocupada. Es una frase que no le pinta bien– ¿de qué? –Pregunta con voz tortuosa. –
Sandro – tú sabes. –Mirándola a los ojos, se acerca poco a ella, con una mirada penetrante, ardiente, e iluminada–
Ishtar, sin palabras, perdida en sus ojos, toma la mano que le extiende para levantarse– ¿no puede ser mañana? –Con tono dudoso e intimidada. –
Sandro – ya he esperado… –Se dirige a su habitación– dejó el teléfono cargando y nos vamos
Ishtar – y… ¿no quieres cenar aquí? –Dice señalando la mesa. –
Sandro – prefiero hablar fuera de aquí
Ishtar observa su ropa, se despojó de las zapatillas y trae chanclas, su cabello está mal atado y la joyería que normalmente carga la ha guardado. Suspira al verse, camina a la puerta para ir por zapatos decentes, volver a peinarse y jalar el celular y la bolsa.
Sandro – no necesitas cambiarte. Tal vez los zapatos… –Ríe. –
Sandro saca el auto de la cochera, después de pedirles a Duque y Conde que le deseen suerte. Cinco minutos después sale Ishtar, con un vestido diferente, escotado de la espalda, corto, negro, un abrigo de cuero negro y zapatillas, lo más sencillo e improvisado, se ató el cabello con una pinza en alto y jalo un collar que lleva en la mano con la cartera y celular
Ishtar – no iba a ir con ropa que anduve paseando por la prisión –se excusa, subiendo al auto–
Sandro – me agrada que no –sonríe– así no tendremos que ir a los tacos… –Ríe disimulado. –
Ishtar, lanza una mirada feroz– ¿entonces qué cenaremos?
Sandro – umm… ya veraz
Ishtar, junta las cejas– ¿no sabes?
Sandro – iríamos a un restaurante chino, pero ya es muy tarde, italiana… casi diario comes pasta –lanzando una mirada divertida– japonesa… no; iremos a comer carne, queso y vino…
Ishtar – ¿nada de lo que se come diario...? –dice irónicamente. –
Sandro – pero… es diferente
Ishtar – sí tú lo dices –divertida. –
Después de un rato llegan al lugar, pide Sandro la comida, ya en la mesa con el vino. Ishtar impaciente y curiosa pero a la vez con duda… después de un silencio se atreve a preguntar…
Ishtar – y… de que querías que…
Llega la comida y la interrumpen.
Sandro – provecho
Cenan, hablan sobre las comidas, carnes, vinos, etc... Cuando han terminado la cena y una botella de vino tinto.
Ishtar – muy buena cena.
Sandro – sí. Quería que supieras… sobre la otra noche –Ishtar lo observa nerviosa y sería; Sandro dudoso continua– me gustas mucho Ishtar. No estoy en la mejor situación pero ha pasado ya un tiempo y quiero darme la oportunidad de intentar algo nuevo contigo –Ishtar sorprendida, abre la boca, intentando articular palabra; Sandro toma sus manos– ¿qué dices?
Ishtar – ¡wow! Sandro… Amm ¿qué te digo? –Él la mira suplicante. –
Sandro – lo que piensas y sientes; sé que sientes algo, sino no me habrías correspondido el beso.
Ishtar – me gustas mucho, si –inhala profundo– tendremos que esconder lo nuestro hasta que se resuelva la custodia definitiva
Sandro, se encoje de hombros– ok. Eso es un si
Ishtar – si –sonriendo, se acerca a él para robarle un beso, tierno y pequeño. –
Seguido de otro más pasional y largo.
FIN DE FLASH BAG
Sin duda ha sido complicado mantener la relación oculta de sus hijos, mantener la distancia en público para evitar los malos entendidos y las terribles situaciones que complicaran el juicio. También adaptarse a vivir con alguien, y que además que tiene hijos; no ha sido una situación fácil. Enfrentar a las familias tampoco ha hecho sencilla la tarea; bueno en realidad Ishtar aún no hecho partícipe a su familia de ello, por lo menos no de quien es la persona con la que está saliendo… o viviendo; pero su relación se ha ido fortaleciendo poco a poco; él lleva un año cuatro meses de separado, de los cuales ya es un año desde el divorcio y nueve casi diez meses de relación; estando a poco tiempo de concluir la parte más complicada del juicio de custodia de los niños, es un logro que esperan para dar el siguiente paso con los pequeños. Un momento que esperan con paciencia.
Ishtar bebe de su copa, sonriéndoles a sus amigas y brinda, con ellas por sus vidas.