-La llevaré mañana a la editorial.- Dijo Harry al bajar la cámara y notar que Ciara se había dado cuenta.
-¿Por qué me sacaste una foto?- Dijo un poco sorprendida y enfadada. Se había quedado con la boca abierta y el ceño fruncido por el atrevimiento de Silverstone.
-Estabas posando como si fueras modelo.- Señaló Harry con timidez al ver la reacción de su jefa.
-¿Posaba?- Ella levantó una ceja al escuchar la respuesta del fotógrafo.
-Además estabas perfectamente iluminada.- Silverstone miró el techo del lugar tratando de romper la tensión que provocaban esos ojos azules.
-Mejor concéntrate en lo que te piden tus jefes.- Ella le dio una sonrisa dura y se levantó de la silla.
Ciara estaba molesta, el fotógrafo era un atrevido. Eso le restaba puntos para el trabajo pero eso quedaba en manos de Tyler. Ella tenía que volver a la editorial, tenía que hacer cosas más importantes que esto. Le avisó a Leigh y a Tyler de que se iba y apartó a este último para escuchar su opinión sobre Harry. Tyler estaba encantado con las fotos de Silverstone. Ella no le dijo lo que había ocurrido unos minutos atrás, no era de importancia a la par del trabajo que había hecho esa tarde. Era eso o que realmente quería que se quedara. Salió del mercado sintiendo que alguien caminaba detrás de ella. Sus sentidos eran más agudos y sensibles y el aura de la persona ardía con fuerza pero aún no la reconocía. Se dio vuelta rápidamente para saber quién era. El hombre frenó al ver que su jefa lo miraba esperando explicaciones.
-¿Estás molesta?- Preguntó Harry.
-No.- Respondió y siguió caminando, necesitaba alejarse de él.
-Si quieres puedo borrarla.- Silverstone comenzó a caminar detrás de ella otra vez.
Ciara volvió a darse vuelta y lo miró a los ojos. Estaba a punto de contestarle, cuando algo detrás de él le llamó la atención. Algo detrás de él se movió, algo que no encajaba con el día casi soleado. Un humo negro, denso y pesado, salía desde las alcantarillas y crecía. Esto no era bueno, no era algo ordinario. La gente espantada se esparció lejos de esa nube. Algunos solo la esquivaban, estaban demasiados concentrados en sus vidas como para detenerse a notar que algo raro sucedía. Ciara necesitaba que las personas se alejaran lo más posible de ese humo. Esa cosa era peligrosa.
-Deja... Ya no tiene importancia.- Respondió Ciara sin sacar la mirada de la espesa nube. Harry extrañado de la actitud de Ciara giró para ver qué sucedía.
-¿Qué es... eso?- Preguntó aún más confundido.
-Nada bueno.- Susurró Ciara para sí.
Ella sabía que hacer, tenía que hacerla desaparecer pero no ahí, en el medio de la calle, con tanta gente observando. Era peligroso para todos. Detrás de Ciara había un pequeño callejón que daba a los depósitos del mercado. Sin pensarlo caminó hacia él, sabiendo que ese humo la seguiría. Él venía por ella, era un vasallo de la oscuridad que venía a buscarla. Llegó al final del callejón y esperó ahí.
Mientras tanto, Harry se había quedado parado sin sacar la vista de esa cosa oscura que flotaba hacia él. Su instinto lo llevó a seguir a Ciara hacia aquel callejón. La nube apareció dentro del callejón y se condensó, haciendo que no se viera nada a través de ella. Harry había perdido de vista a Ciara y esta había quedado encerrada entre la pared y el vasallo. Harry no podía dejarla ahí, no sabía qué era esa cosa ni si ella estaba bien.
-¡Ciara!- Gritó asustado.
Ciara no respondía, él no la veía y comenzaba a preocuparse. Estaba ahí, él había visto que había entrado a ese callejón. Comenzó a adentrarse en ese callejón, en esa oscuridad enceguecedora. Volvió a repetir su nombre pero ese negro que lo rodeaba parecía absorber el sonido. Lo absorbía todo. Sin darse cuenta las tinieblas lo rodeaban completamente. Todo estaba tan oscuro, no podía distinguir cuál era la salida. No se escapaba ni un pequeño rayo de luz. Estaba desorientado.
Ciara no lo había visto entrar al callejón, tampoco lo había escuchado. Ella estaba demasiado concentrada en el vasallo que se movía frente a ella. La temperatura comenzó a bajar. La nube empezó a vibrar y a salir una voz metálica y extraña que habló en un idioma más extraño aún. Harry sentía la voz en el aire y no lograba entender nada de lo que sucedía. Su corazón parecía salirse del pecho y estaba tenso, listo para defenderse de lo que fuera. No podía negar que estaba asustado.
Ciara entendía perfectamente lo que decía el vasallo. Quería llevársela, quería usarla para su cometido. Ciara no le daría el gusto. Ella sabía que hacer, no era la primera vez que ocurría algo parecido. Recordó las enseñanzas de la anciana Neoma. Esa mujer que la había sacado del hospital esa vez le había enseñado el mundo nuevo al cual pertenecía. Toda esa magia, poder y peligros que ahora eran parte de Ciara.
Ciara respiró hondo y comenzó a atacar al vasallo. Podía sentir cómo ese poder corría hasta la punta de sus dedos, saliendo desde su alma y emanando con fuerza. Sus manos se congelaron y su boca se llenó de un sabor amargo, como ya era costumbre. Lo golpeó con su energía y este se estremeció. Ella le habló en su idioma, en ese irlandés antiguo que descubrió que sabía. Luego de ese accidente, luego de que Morgana la salvara, la diosa le regaló dones que la ayudarían a luchar contra la oscuridad. Su eterna enemiga.
Cada golpe que daba hacía temblar el suelo. Con cada golpe la nube parecía degradarse. Pero cada golpe también afectaba a Harry que estaba dentro de ella. Con el ataque cada vez se sentía más débil, todo a su alrededor parecía dar vueltas.
Ciara volvió a atacar y el humo se dividió en dos. El vasallo estaba escapando. Harry cayó de rodillas, sin aire y con la vista borrosa. Aún así pudo ver a Ciara parada frente a él con sus brazos extendidos y sus brazos teñidos de negro. Su cabello rubio ahora era negro al igual que sus ojos, ya no tenían ese brillo hermoso que Harry había visto dentro del mercado. Un escalofrío recorrió todo el cuerpo de Harry y este se desplomó en el suelo.
Ciara comprendió rápidamente que el vasallo había escapado por eso. Su corazón latía rápidamente preocupada por el hombre que yacía en el suelo. Se acercó a él sin dudarlo. El vasallo se había llevado su vitalidad, su fuerza de vida. De eso se alimentaban esas bestias, de la fuerza de la vida. Puso su mano sobre su mejilla, estaba helado y su piel comenzaba a perder color.
Ciara tenía que sacarlo de ahí, debía llevarlo a su casa. Necesitaba salvarlo. Su pulso descendía velozmente. Tenía que pensar en algo y rápido, sino él moriría aquí. Comenzó a materializar su energía y a levantarlo del suelo. Ciara podía llevarlo sin problemas. Se abrazó a él y ese perfume masculino la rodeó. Cerró los ojos y visualizó su habitación.
Al abrir los ojos se encontraba en aquella pulcra habitación. Era contradictorio que fuera tan blanca la habitación de una mujer con tanta oscuridad dentro. Rápidamente lo recostó en su cama. Tenía que volver a la puerta de entrada para entrar como una persona normal. Dentro de la casa estaba Nora, la mujer de la limpieza y si ella la veía así no tendría explicación lógica para la pobre mujer. Apareció en la puerta y entró saludando, Nora estaba aspirando la alfombra del living. Ella le respondió y rápidamente subió las escaleras, no podía perder más tiempo.
Ciara cerró con llave su habitación y se dirigió al hombre que tenía acostado en su cama. Desprendió su camisa, dejando su torso decorado con tatuajes al aire. Un águila en sus clavículas y más abajo ramas de laureles decoraban el inicio de su cadera. Ciara tomó su pulso, estaba demasiado débil. Sin pensarlo ella se subió sobre él y colocó sus manos en su pecho y comenzó a rezarle a la diosa Morgana.
-Gairm thú as an doimhneacht an Domhain a fhios agam nach bhfuil tú codlata, ach fanacht.- "Te llamo, desde las profundidades de esta Tierra sabiendo que tú no duermes, sino que aguardas." - Impím ort, Morgana, a thabhairt dó ar ais ar an saol a ghlac tú. Nach bhfuil sé ullamh, ar deireadh thiar beidh tú éileamh. - "Te pido, Morgana, que le devuelvas la vida que te llevaste. Él no está listo, con el tiempo lo reclamarás."
Harry Silverstone estaba muy delicado y no mejoraba. Volvió a pedirle. Él moría y las oraciones no funcionaban. Morgana parecía no querer ceder con su pedido. Un alma tomada era un alma suya, no iba a regresarla. Ciara no iba a dejar que se lo llevara, era su culpa que él muriera y no quería cargar con ese peso. Ella se prometió luchar contra ese horrible deber que tendría que cumplir. Morgana la había salvado para ayudarla con el equilibrio entre la luz y la oscuridad. Pero los 3 hijos de Morgana buscaban usarla para llevar almas al otro plano. No iba a permitirlo. Por eso, si Morgana le había dado todo ese poder, Ciara lo usaría para salvarlo, aunque eso significara desafiar a la diosa.
Corrió a buscar una gran caja de madera tallada con símbolos que tenía escondida en su escritorio y sacó de ella un libro antiguo. Era un libro que había pertenecido a los antiguos druidas, de tapa de madera y hojas de pergamino. Busco entre aquellas hojas viejas el hechizo que le devolviera vitalidad y salud.
Volvió a sentarse sobre Harry, con una pierna a cada lado y el libro en la mano. Dibujo en el medio de su pecho con su sustancia oscura un Trisquel. Puso su frente en el símbolo y dejó el libro a su lado. Las manos de Ciara tomaron el cuello de Harry con fuerza, no notaba su respiración ni su pulso. Respiro hondo, no era un hechizo muy agradable porque la volvería débil a ella pero aun así lo recitó:
-Tugann crann na beatha, a bhfuil me dílis cad a bhí caillte, ag filleadh ar an méid a bhí agus restores an saol dóibh siúd a chaill.- "Árbol de la vida, al que le he sido fiel, trae lo que se perdió, volviendo a lo que fue y devuelve la vida a quién la pierde."
Levantó su cabeza y el Trisquel comenzó a ser absorbido por la piel tersa de Harry. Apretó su cuello con fuerza, sentía como la energía comenzaba a fluir a punto de ebullir y lo besó. En una fracción de segundo pudo sentir la suavidad de aquellos labios pero luego se vio inundada por un sabor fuerte y amargo. Esa era la energía saliendo con fuerza de su cuerpo y entrando en la de Harry. La vitalidad fluía y con eso Ciara comenzaba a sentirse débil pero Harry comenzaba a retomar su color normal. El hechizo había funcionado.
Ciara se alejó de Harry y cayó a su lado, acostándose. Se sentía enferma, su cuerpo pesaba, su cabeza parecía a punto de estallar y su nariz sangraba un poco. Ella se limpió con el dorso de su mano. Era una sensación que conocía, a veces esta magia la dejaba exhausta pero nada que una siesta no pueda mejorar. Respiro hondo y el perfume de Harry le lleno el olfato. Un aroma exquisito, fresco como el mar y con notas amaderadas. Se acomodó en la cama, era raro para ella compartir su espacio. Hacía años que no tenía a alguien tan cerca. Desde Austin, su último novio, que no estaba con alguien en la misma cama. Tampoco había besado desde ese entonces. ¿Cuánto había pasado desde eso? Más de 10 años.
La vida de Ciara era otra luego del accidente. No sólo había perdido a su familia, sino que había perdido su humanidad. El regalo de Morgana la alejaba de las personas porque era un riesgo para ellas. Ciara se alejó de todos para protegerlos y protegerse a sí misma. Luego de aquella noche trágica, luego de perder lo que más le importaba en la vida, Ciara cambió.
Volteo a ver a Harry, había retomado su color por completo y respiraba con normalidad. Ya no estaba frío. Estaba vivo, milagrosamente. Ciara comenzaba a quedarse dormida cuando cayó en la cuenta que aun el hechizo no terminaba. El tendría que quedarse con ella hasta que el Trisquel volviera a salir y eso pasaría cuando la luna cambiara. Eso pasaría dentro de una semana. Ciara no estaba muy contenta con eso, tendría que convivir con él por una semana. No podía alejarse de ella porque si no el hechizo se rompería y ambos se debilitaron.
Ella comenzó a pensar en todo lo que eso conllevaba. No podían ir a la empresa porque no podía permitir que la vieran tan cerca de él. Odiaba los rumores y los chismes. Ella busco su bolso, tendría que inventar una excusa para no ir por toda la semana y por eso tenía que mandarle un mensaje a Leigh. Se levantó despacio, no quería despertarlo y ella aun se sentía débil. Tomó su celular y abrió el chat de Leigh.
Para: Leigh. "Leigh, estoy enferma y me quedaré en casa. Tú sabes que hacer."
Luego de enviarlo repasó mentalmente la lista de todo lo que tenía que arreglar. Tenía que ser más discreta que nunca. Trabajo, listo. Ahora tenía que solucionar el tema de Nora, quien seguía abajo limpiando. Bajó las escaleras buscándola, la señora estaba en la cocina. Nora la miraba con atención, esperando que Ciara le de instrucciones nuevas. La mujer sabía que ella había aparecido para eso, la conocía, Ciara no era muy simpática y sociable.
-Nora, quiero que hasta el viernes que viene solo vengas a la mañana y te retires al mediodía, te seguiré pagando el día entero pero sólo te necesitaré esas horas.-Explicó Ciara.
-¿Algo más, señorita?- Preguntó luego de asentir, sabía que no tenía que preguntar el por qué. Era una persona muy reservada.
-Sí, termina con lo que está haciendo y puedes irte, cena con tus hijos.- Ciara usó su tono más amable.
Quería estar sola, necesitaba descansar y estar tranquila. Harry en cualquier momento despertaría con dolores y estallaría en preguntas y no quería que Nora preguntara sobre él. Aún tenía que inventar una historia sobre él para cuando Nora lo viera esta semana. Se despidió de Nora y volvió a su habitación. Necesitaba dormir pero algo le decía que sería un día largo, una semana larga. Cuando Ciara entró a la habitación, Harry ya había despertado y se retorció en la cama por el dolor.
-¿Qué mierda...- Gruñó. -¡Arde como el infierno!- Gritó.
-Shh- Lo hizo callar acercándose, rezaba para que Nora no lo hubiera escuchado.- Sé que arde pero cálmate.-
Él seguía quejándose del ardor y Ciara no podía cuestionarlo, sabía que era doloroso. El hechizo tenía consecuencias, mientras más vitalidad absorbías más era el dolor y más quemaba el Trisquel. Un ardor helado, como si todo tu pecho estuviese siendo regado con nitrógeno líquido, quemando todo dentro de ti. Una tortura que luego sufriría Ciara durante el cambio de fase de la luna.
- No te levantes, ya regreso.- Ciara salió de la habitación cerrándola otra vez.
Bajo otra vez hacia la cocina, al parecer Nora ya se había ido. Preparó una jarra de agua y dos té verdes. Tomar algo cálido lo iba a ayudar con el dolor. Ciara subió despacio y dejó la bandeja sobre la mesa de luz. Harry no había parado de quejarse por el ardor. Ella puso su mano sobre el pecho de él y lo frotó, tratando de darle calor. Ciara aprovechó para mirarlo mejor, desde sus pies, su jean oscuro, el elástico de su ropa interior, aquellos tatuajes de laureles sobre su músculo V que se marcaba a la perfección. Parecían marcar el camino hacia el interior de sus pantalones, provocándote. Ciara siguió subiendo la mirada, tratando de no pensar en lo sexy que se veía eso. Harry estaba en forma, no era el hombre más musculoso pero su torso se notaba trabajado. Ciara no dejaba de frotar su pecho y al parecer funcionaba. Su aura estaba más tranquila y comenzaba a brillar con la fuerza con lo que lo había hecho antes. Era absorbente. Su vista se dirigió a su rostro, Harry miraba fijamente a Ciara. El estaba lleno de dudas, tratando de buscarle una explicación coherente al momento, a la situación. Estaba confundido y sus recuerdos no le ayudaban. Había entrado en ese callejón, se había desmayado, pero, ¿Por qué estaba en una cama junto con su nueva jefa? Tenía la cabeza que le estallaba a preguntas pero comenzaba a caerle el sueño ahora que los dolores se habían calmado un poco.
Había una extraña paz en esa habitación, por ahora.